La NO lucha por reconocimiento en el sistema de salud

Resulta que hace algunos meses nos hemos estado preocupando más de nuestros cuerpos. Una de esas líneas nos llevó a descubrir que yo tenía cálculos en mi vesícula y había que operar. Hace meses ya mi mujer estaba incorporada a mi plan de salud de isapre, sin problemas, así que lo que tocaba eran todas las gestiones, visitas y papeleo.

Me atendí en la católica, así que la operación también iba a ser en el Hospital de la Católica, en Marcoleta.

a hospital room (Denmark, 2005)

Image via Wikipedia

Lo primero, es que al atenderme y mirar mis exámenes (que yo ya llevaba listos), el médico que hacía de cabeza de equipo decretó operarme en dos días hábiles más. ¡Qué bueno! pensé yo, qué ejecutivo… ahí estuvo mi primer error. A los médicos les importa poco el papeleo de sistema de salud, ellos ven su agenda no más. Salí de la consulta, que duró muy pocos minutos, con la noticia a mi mujer que me operaba esa misma semana. A ella le vino la angustia: Nosotras no somos conocedoras del ambiente y cada paso que hacer de trámites era muy incierto (sin considerar que estábamos a dos días hábiles, en una ciudad donde no vivimos). Confieso que yo todavía seguía fascinada por lo rápido que me iban a resolver el problema (y soy bastante más relajada de base también). Como guinda de la torta, yo no tenía tiempo para hacer mucho, me había escapado de otra reunión para ir al médico y me tocaba devolverme.

Llamamos a mi agente de Cruz Blanca (que por supuesto tenemos guardada en el celular y sabe cuál es nuestra relación), para que nos diera las primeras orientaciones. Mi mujer empezó a descartar procedimientos en el mismo San Joaquín donde estábamos y se dió cuenta que la isapre no iba a tener la capacidad de respuesta formal para aprobar mi cirugía en tan corto tiempo. La isapre tenía varias opciones de presupuesto que había que evaluar. Además, había que obtener un formulario firmado por el médico…cosa que ya nos sonaba a misión imposible. Lo bueno, es que nos dimos cuenta que no hubo problema que ella gestionara cosas en mi nombre.

Por suerte, me pude liberar más temprano de lo que pensaba de mi otro compromiso y  nos lanzamos a la búsqueda del médico tratante. Terminamos en Marcoleta, buscando a la asistente del señor en cuestión que fue nuestro primer punto de alivio. Ella nos acogió muy tranquila, nos explicó cómo iba todo, nos llenó el formulario y nos dió datos de contacto en caso de angustia extrema o arrepentimiento.

Tuvimos que hacer un pre-chequeo en el hospital y acá empezó nuestra agradable sorpresa. Como parte del protocolo (donde también me preguntaron si tenía religión), me preguntaron quién podía decidir por mi salud en caso de estar incapacitada. Esa forma la llené yo y no hubo problema en absoluto en poner a mi mujer, su rut y mi relación con ella: PAREJA. También le tomaron los datos como otra persona de contacto para acceder a mí, repetimos…relación PAREJA ¡en la católica!.  Al día después, para confirmar los detalles de la hospitalización hablaron con ella, porque yo no estaba disponible.

El día de la operación llegamos ambas, la consideraron en todas las instancias, el médico que me fue a entrevistar le fue a informar el procedimiento como mi pareja. Todo de lujo. Hicimos al equipo médico ocupar el término pareja para referirse a nosotras y no fue forzoso. Le explicaron todo, la orientaron, la hicieron pasar a verme cuando ya estaba en recuperación de la anestesia.

Hubo gente que asumió que éramos hermanas, las corregimos con delicadeza. Ella estuvo en mi tiempo de hospitalización conmigo, recibía instrucciones, gestionaba cosas. En el hotel (Foresta), donde nos quedamos hasta que me pudiese devolver a mi casa, también nos trataron muy amablemente.

En resumen. Este temor a todas las cosas terribles que pueden pasar cuando la gente se da cuenta que está frente a una pareja lgbt, tiene mucho más de pensamiento catastrófico que de base en la realidad. Podemos discutir si es porque la gente está muy entrenada a dar un buen servicio, porque no sabe cómo reaccionar o porque legítimamente nos consideran indistintamente a cualquier otra configuración de pareja. Puede ayudar que nosotras no pedimos disculpas, puede ayudar que -ella más que yo, debo decir- tenemos esta impronta de clase media-alta (su apellido parece sacado de revista Hola española), puede ayudar que ambas estamos altamente educadas y tenemos lenguajes suficientes para interactuar. Con todas esas incertezas, la experiencia de mi hospitalización nunca podría pasar por experiencia de discriminación, sino todo lo contrario.

Bien por la católica, bien por la isapre, bien por el hotel. Un gusto (si no doliera tanto sería mayor, claro está).

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Maternidad según la gran Adrienne Rich

“Destruir la institución no es abolir la maternidad. (…) Esto significa, entre otras cosas, que una mujer pueda escoger la maternidad libremente, no sólo porque el control de la natalidad seguro y efectivo fuera universalmente accesible, sino porque ella no tendría la necesidad de probar su aptitud como mujer embarazándose. Ello significa además que una mujer no necesite buscar a un hombre para su seguridad económica y tener que dejarse embarazar como consecuencia de ello, que ninguna necesidad falsa pueda obligar a una mujer a tomar una decisión excluyente entre su útero y su cerebro; que una mujer que estuviera gestando a su hija o hijo fuera un ser con dignidad en el mundo que respete al propio cuerpo y que tenga tanto poder como cualquiera otra persona individual para actuar y darle forma a su sociedad; que tenga los medios para solucionar sus necesidades y las de sus hijos e hijas, ya sea decidiendo vivir con hombres, o con una mujer, o en un hogar solo para ella y sus hijos. Estas son condiciones mínimas pero en ellas se hallan impícitos enormes cambios políticos y sociales.” (pp. 397)

Adrienne Rich (2010). Sobre mentiras, secretos y silencios. Madrid: Horas y horas Editorial.

A veces olvido

Elisabeth Badinter

Estoy leyendo el ultimo libro de Elisabeth Badinter. (2011). La mujer y la madre. Madrid: Editorial La Esfera de los Libros. Y plantea un par de cosas interesantes:

1. Que la crisis económica ha sido, y será, una de las excusas que han tenido los gobiernos para detener la emancipación y los derechos de la mujer (y yo agregaré de cualquier minoría). Que en virtud de la merma de recursos lo primero que se cortan son las financiaciones sociales y después de aquello no quedan ni las buenas intenciones.

2. Que la maternidad hoy día, es decir, en un momento histórico en el que se llega a ella por voluntad y no por obligación, se convierte en una forma de volver a esclavizar a las mujeres al modelo patriarcal. Porque, si nadie te ha obligado a parir, entonces asumes que es lo que habías pedido y te haces cargo: la dictadura del bebé, podríamos llamarlo.

Sin embargo lo anterior, siempre ha habido mujeres que no tienen hijxs. Algunas porque no pueden , otras porque no quieren. Pero sólo se perdona a las primeras, porque explicitar el no deseo de hijxs es impensable en nuestra cultura. Qué egoísta es una mujer que no quiere tener hijxs! Dicen los que la escuchan.

Había olvidado que yo era de ésas. De ésas que no quería tener hijxs, y aún creo que lxs hijxs no me llenarán la vida ni la harán mejor. Y aún creo que no es egoísta no querer hijxs, sino todo lo contrario… pero lo había olvidado, hasta que leí este párrafo del libro:

“Justamente por amor a los niños (…) ¿Quién cree que la realidad es suficientemente deseable como para iniciar a su hijo o su hija en la obligatoriedad de la muerte, en la falsedad de las relaciones entre los hombres, en el interés que gobierna al mundo, en la obligación del trabajo remunerado, casi siempre penoso y forzoso, o en la precariedad del paro? ¿A qué padre lo bastante ingenuo, bobo y retrasado, puede gustarle hasta ese punto la miseria, la enfermedad, la indigencia, la vejez, la desgracia que él ofrece a su descendencia? (…) ¿Habría que llamar amor a este arte de transmitir semejantes villanías a la sangre de su sangre?” (Onfray, 2008 en Badinter, 2011: 153).

En todo caso, esta reflexión no es nada nueva, la vengo leyendo hace unos años, la última vez en Teoría King Kong de Despentes.

La pregunta es, después de que una sabe todo esto y, más importante aún, cree en todo esto ¿Qué nos sigue impulsando a tener críxs?… Tema pal posdoc?

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La maternidad como discurso

La maternidad, contrario a la que piensa la gente, no es ni natural ni instintiva ni única. Se trata más bien de un discurso hegemónico construido y compartido socialmente, que dirige la conducta de las mujeres bien aculturadas.

Vía Social Images me he encontrado con esta ilustración en la que podemos ver los discursos que construimos y validamos en occidente acerca de la maternidad:

“El dinero que gano trabajando paga una mejor vida para mi hijx”

“Mi hijx tienen una mejor vida porque yo no trabajo”

“Tengo una mejor vida porque no tengo un/a hijx”

“La vida sería mejor si tuviera un/a hijx”

Así vamos a ser cuando se legalice el matrimonio en Chile

Cachita y Norma

Cachita y Norma

Luego de la promulgación de la ley en Buenos Aires, que permite el matrimonio homosexual, Norma Castillo y Ramona Arévalo, ambas de 68 años, se convirtieron en la primera pareja de lesbianas casadas en Latinoamérica. Juntas dieron una dura lucha por lograr este propósito, formaron un centro de jubilados gays y lesbianas y continúan activamente instalando el tema en su país. Pero antes que todo eso ocurriera, cargaron con sus traumas, con la oposición de sus familias y con cientos de aventuras que aquí podrás leer. Esta es la historia.

“Heterosexual se hace, no se nace”, dispara Norma, atareada desde el comedor. “Se hace. Porque no se le da a la persona el derecho de crecer y decidir en libertad lo que es y lo que quiere. La religión y las leyes solo hablan de la reproducción, te condicionan desde que naces. Adán y Eva no existieron, nosotras existimos”.

“Uno quiere, por supuesto, la aprobación de los demás y sigues ese mandato, esa obligación de ser heterosexual. Cuando por fin me quise un poco a mi misma, me di cuenta que una cosa es lo que exige la sociedad o la religión y otra cosa es la vida real. Y lo que uno decide y siente”, dice Norma.

Lo importante para ellas, no es solo que ahora exista la opción de concretar la unión con el consentimiento del Estado, una relación se valida con una vida y no con una ley, sino que con la medida se apuesta por los derechos humanos en general y se reconoce formalmente una historia.

“Esta es la misma vida que nosotras, como muchos, hemos llevado por 30 años. No es justo que tengamos que vivir como seres patológicos, lo que está naturalizado es una injusticia”, dice Norma.

“La injusticia me rebela”, culmina, como si en esa frase cupiera toda su historia.

Viejas secas.

Homofobia en la Sociedad Chilena de Psicología Clínica?

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Image by orianomada via Flickr

Hace unos meses me contactaron de la Sociedad Chilena de Psicología Clínica para pedirme una entrevista, en mi calidad de experta (sic), acerca de la homoparentalidad. Después de darle un par de vueltas al tema, evaluando cuál podía ser el objetivo de la institución al hacer la pregunta acerca de la homoparentalidad y pensando si realmente querían escuchar lo que yo tenía que decir, decidimos (mi mujer y yo) que podía ser una buena instancia para poner el tema sobre la mesa desde una posición no homofóbica.

Se suponía que la entrevista sería publicada en la página web de la SCPC, pero tal y como me temía desde un principio, y semanas después de la realización de la misma, me envían un mail diciendo que el texto ha sido presentado en reunión de directiva y que han decidido llevárselo a casa para que cada unx haga comentarios. Una semana más tarde, en otro mail, me comentan que han decidido “postergar la publicación del artículo hasta que asuma la nueva directiva de la Sociedad”.

Obviamente aquello no es una explicación a la postergación de la publicación, así que les envié un mail pidiendo tales explicaciones… de eso hace ya una semana y algo más. Nadie en la SCPC se ha dignado a dar la cara y decirme directamente que mis dichos no son del gusto de algunxs (o de todxs, me cabe la duda). Mientras decido qué medidas tomar ante semejante actitud homofóbica, les dejo aquí el texto, para que ustedes evalúen si es  tan terrible lo que propongo acerca de la homoparentalidad.

Quiénes tiene derecho a ser padres?

Diversos estudios y medios de comunicación han tratado el tema de la parentalidad de personas LGB (lesbianas, gays y bisexuales) y en ellos se repiten las mismas preguntas: ¿Están capacitadas las personas LGB para educar a un niño o niña? ¿Son los niños y niñas criados por homosexuales saludables?

¿Y por qué no pensar mejor por qué nos hacemos la pregunta? ¿Qué posición política estamos tomando cuando hacemos esa pregunta? Es lo que responde Macarena Martínez-Conde Beluzan, Psicóloga de la Universidad de Concepción, Magíster en Estudios de Género y Cultura de la Universidad de Chile y Doctora © en Psicología Social de la Universidad Autónoma de Barcelona, ante el cuestionamiento de la homoparentalidad.

La Mg. Macarena Martínez-Conde ha estudiado el tema en profundidad y nos invita con estas preguntas a reflexionar acerca del modo en que se abordan la homosexualidad y la homoparentalidad, ofreciéndonos antecedentes que nos permiten comprender el fenómeno.

Históricamente las preguntas que se han hecho respecto de la homoparentalidad abordan los siguientes tópicos de interés: la pregunta por el bienestar psicológico de los hijos e hijas de homosexuales, la preocupación por los posibles abusos sexuales por parte de las parejas de padres y madres biológicos homosexuales, y finalmente, la posibilidad de que esos hijos e hijas resulten homosexuales debido al contacto permanente con lo que la mayoría de la gente describe como el estilo de vida homosexual.”

Todos estos temas son, a juicio de la profesional, preguntas que tienen como base común una mirada aún homofóbica del tema: “si la homosexualidad dejó de ser entendida como enfermedad en el DSM III, entonces, preguntarse por la orientación sexual de los hijos e hijas de homosexuales es, al menos, una contradicción, por no decir una repatologización de una condición que ya no existe como tal.

Si una persona resulta ser homosexual o heterosexual, y ninguna de estas condiciones es patológica, entonces ¿A qué viene el cuestionamiento a la homoparentalidad? En este sentido, el poder experto (hablemos de psicólogos y psiquiatras) y los efectos de verdad que tiene este poder experto, es decir, que la gente crea a pie juntillas todo lo que dice una persona que pertenece a una disciplina como las anteriores, se traduce en una indudable y poderosa influencia en las creencias y acciones de la comunidad en general. Así las cosas, si los expertos determinan que ciertas conductas son patológicas, entonces el resto de la comunidad también lo hará. Por lo tanto, si los y las profesionales de la salud somos homofóbicos (y por tanto nos hacemos preguntas homofóbicas) el efecto en la comunidad será transmitir temor e intolerancia.”

A partir de su experiencia la Mg. Martínez-Conde declara “que es absolutamente comprensible que las personas homosexuales defiendan su deseo de casarse, tener hijos y/o adoptar, puesto que se trata no sólo de un tema de corte psicológico sino además de derechos humanos, que ya ha sido entendido y abordado como tal por varios países en el mundo. Legislar para dar derechos a personas homosexuales abrirá el camino a la legitimación de sus demandas y permitirá que estas vidas sean posibles de ser vividas, como diría Judith Butler, esto es, poder construir una vida desde un contexto legal y luego legítimo, y no desde un contexto del secreto y la culpa. Aquí nos jugamos la salud mental de una comunidad completa que no tiene por qué esconderse ni ser discriminada.

Ciertamente un tema como la homoparentalidad abrirá una caja de Pandora y nos encontraremos discutiendo acerca de la legitimidad de las personas homosexuales como sujetos y ciudadanos antes de que logremos sentarnos a hablar sobre si son o no idóneos para ejercer la paternidad y maternidad, pero lo que más me llama la atención acerca del tema es el pánico que surge en la gente cuando se habla acerca de las familias LGB. Una cuestión interesantísima es que, por ejemplo en Estados Unidos, los argumentos esgrimidos en contra de estas familias han sido exactamente iguales que los argumentos utilizados para oponerse a los matrimonios ínter raciales, es decir, argumentos que en su momento parecían tener sentido y que hoy en día nos parecen de otro planeta, justamente porque son de otra época.

Probablemente esto que digo suene extraño en una sociedad tan homofóbica como la nuestra, pero si la homosexualidad ya no es una enfermedad, entonces ¿en base a qué criterio es posible establecer que una familia homoparental es más o menos saludable que las familias heteroparentales? ¿Son acaso todas las familias heteroparentales saludables, sólo porque son heterosexuales? Y este último punto me parece crucial porque una de las conclusiones que levanta la homoparentalidad es el cuestionamiento de la familia heteroparental. Pero ese es otro tema, o no?”

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Un estudio demuestra que las lesbianas nunca abusan de sus hijos

Lesbian family
Image by Brianz via Flickr

Un estudio demuestra que las lesbianas nunca abusan de sus hijos.

Si yo decía, pásennoslos a nosotras no más.

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El día que desapareció la división sexual del trabajo

En contra de la família tradicional
Image by jordigasulla via Flickr

Armando el marco teórico de mi tesis de doctorado, me encontré con un libro clásico de Anne Cadoret, Padres como los demás. Homosexualidad y parentesco. (2003, Barcelona: Gedisa). En él hace referencia a uno de los temores más expresados ante la homoparentalidad: la desaparición de los roles de género.

Aquello me parece sorprendente por varias razones: la primera, es que es la misma respuesta que he encontrado en población chilena (20 años después) y la segunda, ya más teórica, es que se trata de un temor fundado en una concepción del género obsoleta.

Si entendemos género como la construcción simbólica (cultural) de ciertas conductas (roles) que se asignan a diferentes sexos, entonces la única forma de aprender dichos roles es mediante el modelado. Así las cosas, se entiende que cualquier variación en la configuración familiar pudiera modificar estos roles de género. En la realidad, donde no existe la familia tradicional más que en el imaginario colectivo, los roles de género ya tendrían que haber desaparecido hace rato.

Pero si entendemos género como un efecto discursivo (Butler), no necesitamos la reproducción literal de los modelos (femenino y masculino) para su aprendizaje. Si vivimos dentro de una cultura organizada sobre la base de la bisexualidad (entiéndase la existencia de dos sexos) y cuya organización es al mismo tiempo base para la jerarquía en la que un sexo/género vale más que el otro, entonces aprendemos este orden cuando entramos al lenguaje, independiente de si en casa tenemos dos madres, dos padres o una y otro.

Cadoret (2003) anuncia que las familias homoparentales podrían desestabilizar el orden simbólico del parentesco al deconstruir la idea de división sexual del trabajo (Rousseau). Mi mujer agrega que, en una sociedad patriarcal, la amenaza de la abolición de los géneros genera fantasías de caos y destrucción: Y quién mandará entonces?

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Acopiando recursos con respecto a matrimonio

Ha pasado mucho, se aprobó el matrimonio igualitario en Argentina, nos fuimos a vivir de vuelta a Chile, en estos días estamos preparando un artículo académico en el tema.

De muestra, un botón.
las uniones de personas del mismo sexo – una perspectiva jurídica

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